ELEONORA capitulo 1

— Eleonora podrías pasarme un poco de té — ella asiente con la cabeza y se dispone a servirlo, la tetera aún esta caliente y al tomarla se ha quemado un poco los dedos.

Gracias cariño — le agradece su madre y continua hablando a sus cinco hijas que la escuchan. Eleonora es la única que mira al piso mientras su madre habla — “el conde es un buen hombre, cualquiera de ustedes puede aspirar a ser su esposa, es educado, amable y posee tanto dinero que no le alcanzaría la vida para contarlo”.

El padre de Eleonora las observa sin decir ninguna palabra.

—!es él!— grita la madre apenas tocan la puerta, todas se apresuran a mirarse en el espejo, se ponen más pinta labios y pellizcan sus mejillas. Eleonora las observa cabizbaja

buen día — un hombre de mediana estatura, cabello negro y porte fino saluda al entrar a la sala. Eleonora lo reconoce enseguida. Los dos se miran por unos segundos pero voltean la cabeza rápidamente hacia otro lado.

Mi amado conde -— dice la madre — permítame presentar a mis hermosas hijas, ella es Amelia, Georgina, Gretel, Grecia y Eleonora. Todos ellas cortadas del más bello de los jardines. Todas ellas en edad casadera — El conde saluda con un gesto amable a cada una. Pero Eleonora mira al piso rechazando la cortesía del conde. Sus hermanas sonríen y sobre actúan, una de ellas, Grecia se apresura a acercarse al conde para decirle que ella ama pintar y quiere mostrarle algunas de las mejores pinturas que ha hecho, el conde acepta de inmediato — ella le sonríe de forma picara pero cuando ambos se disponen a salir de la habitación la madre llama a su hija.

—Grecia, ¡que descortés! primero invitemos al conde a tomar una taza de té, debe venir cansado y sediento, apuesto que el viaje lo ha agotado.

—Gracias — dice él-—a decir verdad, si ha sido un viaje agotador.

—Eleonora por favor, té para el conde -— Ella suelta un leve suspiro de rebeldía pero obedece a su madre, la mano le tiembla cuando entrega el té a aquel hombre, intentando no cruzar miradas, este le agradece. Pero ella no pudiendo soportar mas su presencia, pide permiso para retirarse.

—¿irte ahora con nuestro invitado aquí ? – pregunta la madre a Eleonora

—perdóname madre- responde manteniendo la cabeza agachada — tengo una terrible jaqueca desde la madrugada y quisiera recostarme un poco, no he dormido bien.

—de acuerdo – dice la madre- retírate -— Eleonora obedece sin decir más y sale por la puerta, escapando de la mirada de angustia de Georgina y el recelo del conde.

Apenas Eleonora sale de la habitación Georgina la alcanza, la detiene antes de entrar a su alcoba

—¿que ha pasado? sé que no hay tal jaqueca – dice

— lo siento -— se disculpa ella — algún día te lo diré

— pues dime ahora — reprocha la hermana

La lluvia cae por la ventana de la habitación, su sonido cada vez es mas fuerte, las paredes de madera crujen pero Eleonora conserva la calma.

— Si deja de llover justo antes de las siete te lo diré — cierra la puerta de la habitación.

Georgina se queda quieta por un momento, mira el reloj y vuelve a la sala.

 

 

Samantha Vergara Rojano

 

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